No supiste quedarte ni qué darme. No supiste apagar el fuego que yo misma incendié dentro de mí. Supongo que fue un acto egoísta por mi parte. O por la tuya. Qué se yo.
Cada noche me pregunto si echamos de menos a las personas o a los recuerdos que tenemos con ellas. Contigo ambas.
Ojalá el echar de menos fuese como el dolor de cabeza. Te tomas un ibuprofeno y desaparece. Pero no es así. Es una batalla interna de lo más complicado. Aunque sé que ninguna guerra es para siempre. No sé si quiero ganar esta guerra o que me la hagas ganar tú.
Me despido aquí por hoy.
Hasta el próximo café.
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